Quién escribeRoberto Barea

¿Pero este tío escribe bien?

Que esté bien escrito no significa que funcione. La estética sirve para agradar; aquí hablamos de conversión. Invertir en un anuncio o en una campaña publicitaria no es rentable si luego escribes un mail que no se entiende, una presentación que aburre o un post que no tiene sentido.

Escritorio visto desde arriba en una habitación a oscuras, con dos paneles de luz sobre el teclado

El día que empezó todo esto

Cuéntale un rollo de los tuyos

Cuando empecé en el mundo laboral era un absoluto ignorante de cómo funcionaba la venta. No sabía identificar ni siquiera mis propias aptitudes. Era sanitario, llevaba un par de meses trabajando, y mi jefe entró en mi despacho muy apresurado. Se iba de fin de semana y esa tarde venía uno de nuestros clientes. «Necesito que lo calmes un poco y le hagas ver que es buena idea quedarse con nosotros.» ¿Cómo? «Cuéntale un rollo de los tuyos. Seguro que lo convences, se te da bien.» Y se fue.

No entendía nada. Sin embargo, antes de irse había depositado una confianza fuera de lo común en mi manera de persuadir. Quince años más tarde, el dominio de mi web contiene la palabra rollo.

Sala de reuniones acristalada vista desde un pasillo en penumbra

Antes de todo eso

Una bici robada
y una descripción exacta

Pensaba que había descubierto esa habilidad en aquel despacho. Me equivoqué. Ocurrió cuando me robaron la bicicleta: tenía once años. Estaba llorando sin consuelo y mi padre entró en el salón con papel y lápiz. «Venga, escribe. Escribe con todo lujo de detalles cómo es tu bici, dónde la perdiste, todo lo que se te ocurra. Se lo daré a la policía.»

Horas después, dos agentes llamaron a la puerta para darme la mejor noticia de aquel verano. Mientras me secaba las lágrimas, el más veterano vino hacia mí: «¿Sabes por qué la hemos encontrado? Porque tu descripción nos dio la imagen exacta de tu bici.» No tenía ni idea de a qué se refería, pero esa habilidad me ha dado muchas alegrías hasta hoy.

Bicicleta apoyada contra un muro oscuro en una calle vacía

Lo que he escrito desde entonces

Son-exactamente-lo-mismo

Desde las primeras cartas de amor adolescente hasta campañas de email marketing para empresas. Incluso textos para convencer a unos herederos de que renunciaran a su parte de la herencia. De todo.

Una carta de amor escrita a mano y una página web no tienen elementos comunes. Son-exactamente-lo-mismo. Esto define mi modo de entender la comunicación de negocio: no sé hacerlo de otra manera, y no creo que exista un modo mejor de hacerlo.

Cuaderno abierto con la palabra Notes escrita a mano, una pluma y unas gafas

El músculo

Lo que me ha enseñado contar rollos

Esa destreza con las palabras no se quedó en escribir. Acabó siendo la herramienta con la que hice el resto del trabajo.

Negociar

Si tenía una reunión importante o quería pedir un aumento de sueldo, solo tenía que pararme a pensar cómo justificar el sí de manera lógica.

Formar

Años dando formación. Explicar algo hasta que se entiende es el mismo músculo que escribir para que se entienda.

Planificar

Estrategias enteras. Hilar los puntos para que todo tuviese coherencia, que es exactamente lo que hago ahora con un texto.

Liderar

Gestionar y liderar equipos. A las empresas les digo que soy storyteller; mi madre dice que soy un liante.

Venga. Escribe

Puedo escribir para encontrar bicicletas o contar una historia para que alguien te encuentre a ti. Soy Rober Barea y cuento rollos desde que tenía once años.